Germinar o no germinar, esa es la cuestión


Una vez maduras, las semillas se desprenden de la planta madre, tornándose un organismo autónomo con todos los órganos necesarios para originar una nueva planta tras la germinación. Para germinar la semilla necesita las condiciones ambientales adecuadas como temperatura y humedad. Sin embargo, hay semillas que incluso en las condiciones adecuadas no germinan y, por ejemplo, necesitan pasar un periodo de frío antes de poder germinar. Es decir, la semilla está viva y sana pero existe un mecanismo que evita que germine si no ha pasado antes por un período de un mínimo de horas de frío. De esta manera se evita que la semilla germine en un otoño caluroso, cosa que provocaría la muerte de la plántula ya que debería enfrentarse al frío invierno. En cambio, si germina en primavera porque ya ha pasado por un período mínimo de horas de frío. Este fenómeno se conoce como dormancia o latencia. Muchas veces una misma planta tiene semillas con diferentes requerimiento de latencia, y de esta manera pueden distribuir la germinación de sus descendientes durante períodos más amplios de tiempo, aumentando las posibilidades de que alguna de las semillas germine en las condiciones más favorables. La falta de latencia permite a las semillas empezarse a desarrollar en cuanto las condiciones se vuelven favorables para la germinación y en consecuencia, maximizar la estación de crecimiento y reducir al mínimo el riesgo de depredación de semillas. Esto puede ser útil en algunos casos como plantas tropicales que viven en entornos donde las condiciones ambientales no varían a penas a lo largo del año, o bien, muchas de las plantas de uso agrícola que interesa que germinen lo antes posible en cuanto el agricultor las siembra para evitar, por ejemplo, que se las coman los roedores o los pájaros.

Por tanto, la latencia, o la falta de ella, es un factor crítico en la distribución geográfica de las plantas. Una planta cuyas semillas necesiten frío para germinar difícilmente colonizará zonas tropicales a no ser que sufra una mutación que elimine ese mecanismo.

Existen básicamente tres mecanismos de latencia:

- Latencia morfológica: cuando las semillas, al dispersarse, contienen embriones aun inmaduros que necesitan cierto tiempo para completar su desarrollo antes de poder germinar.

- Latencia fisiológica: cuando la latencia se rompe a través de respuestas a señales específicas tales como temperaturas calientes o frías.

- Latencia física: relacionada a la impermeabilidad del envoltorio de la semilla al agua. El envoltorio debe de degradarse o romperse para permitir a la semilla germinar. La manera de romperse puede ser con el tiempo, la acción de microorganismos o al pasar por el tracto digestivo de algún animal.

En un artículo recientemente publicado en la revista New Phytologist investigadores de diversas instituciones, entre ellas la Universidad de Granada, han estudiado como apareció y evolucionó la latencia en las plantas. Para ello estudiaron las características de latencia de 14000 especies de plantas de 318 familias. Los resultados han permitido establecer que la latencia es tan antigua como las semillas, es decir, las semillas más antiguas probablemente tenían ya latencia, y que esa latencia dependía de una combinación de la latencia morfológica y la fisiológica. Estos tipos de mecanismos de latencia parecen haber aparecido repetidamente a lo largo de la evolución en grupos de plantas de manera independiente. En cambio, la latencia física está asociada a altos grados de extinción seguramente porque requiere de unas condiciones mucho más específicas para ser rota y por ello se limita a sólo unos pocos grupos de plantas.

La total ausencia de latencia, es decir, que las semillas germinen muy rápidamente, parece conferir una ventaja selectiva a corto plazo, pero a largo plazo tiende a producir la extinción de las especies ya que depende de unas condiciones ambientales muy estables. Es decir, que la no latencia ha aparecido muchas veces a lo largo de la evolución, pero también ha desaparecido muchas veces.

La aparición y desaparición reiterada de la latencia a lo largo de la evolución es también indicación de que los mecanismos genéticos de la cual depende son relativamente simples y, de hecho, incluso dentro de una misma especie pueden existir variaciones en el grado de latencia. Se conocen parte de los mecanismos de los cuales depende la latencia, pero eso será tema para un futuro programa.


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