Virus vegetales, muchos y diversos
En un trabajo publicado recientemente, Marilyn Roossinck, investigadora de la Penn State University, ha determinado que los virus que infectan a las plantas son mucho más abundantes de lo que se creía con anterioridad, aunque en la mayoría de los casos las plantas infectadas no presentan ningún síntoma externo de enfermedad.
 
Estos estudios se basaron en la llamada metagenómica viral que, básicamente, consiste en el aislamiento de los ácidos nucleícos de millones de virus obtenidos a partir de muestras de plantas y su posterior secuenciación. A partir de las secuencias obtenidas se pueden identificar cuales son las especies de virus presentes en las muestras analizadas. Sería como entrar en una biblioteca y empezar a arrancar páginas de libros al azar, y después leerlas e identificar a que libro corresponde cada una.
Una de las conclusiones más sorprendentes de estos estudios es que en muchos casos, cuando un virus infecta a una planta, esta no muere como consecuencia de la infección de manera que el virus permanece en ella por largos periodos de tiempo o bien, de manera persistente. Incluso, el virus puede llegar a transmitirse a la siguiente generación a través de las semillas.
Estos resultados plantean una interesante cuestión: ¿Por qué las plantas no desarrollan o ponen en marcha mecanismos de defensa para eliminar estos virus? ¿Es qué acaso los virus desempeñan un papel positivo y por eso la planta los conserva?
 
De hecho, algunos estudios sugieren esto último. Por ejemplo, un virus podría hacer que la planta fuera más resistente a temperaturas extremas y sequía. Se ha sugerido que los virus podrían, por ejemplo jugar un papel en la vida de sus anfitriones como un tipo de elemento epigenético. Es decir, que han adquirido una función de regulación de los genes de la propia planta que infectan, pero que esta regulación llegaría a favorecer a la planta. Dicho en otras palabras, los virus habrían adquirido una especie de relación de simbiosis con la planta, entendiendo por simbiosis una interacción entre especies en la cual las dos especies sale beneficiada.
En un viaje a Costa Rica, Roossinck observó que las plantas cultivadas tenían muchos más problemas de ataque de virus que las cultivadas, incluso plantas de la misma familia situadas a poca distancia unas de otras. Una posible explicación es que de alguna manera las plantas salvajes están “inmunizadas” frente a los virus, cosa que no ocurre con sus parientes cultivadas. Por ejemplo, un virus de planta que se encuentran frecuentemente en el bosque se encuentra también en los cultivos de melón cercanos. En los melones el virus causa una enfermedad grave, mientras que en las plantas silvestres no había síntomas.
No se sabe como las plantas salvajes son capaces de evitar los síntomas de la infección por virus, pero llegar a entender este mecanismo tiene, desde luego, un gran interés económico. Además, los virus animales y de bacterias han sido la fuente de muchas nuevas enzimas que estuvieron entre las primeras herramientas para la biología molecular. En cambio, hasta el momento, los virus de plantas a penas han sido explotados en este aspecto. El descubrimiento de tan grande biodiversidad en virus vegetales es probable que conduzca al descubrimiento de nuevas herramientas moleculares para la biotecnología.

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